
Robots y el nacimiento de niños: mitos, hechos y fe
En los últimos meses, los medios de comunicación mundiales se han visto sacudidos por noticias procedentes de China y Japón: supuestamente ya se están creando robots capaces de gestar un bebé y “dar a luz” después de 9 meses. En las imágenes parece un futurismo digno de películas de ciencia ficción. Pero si miramos con objetividad, veremos que no existe ninguna prueba científica de una gestación exitosa llevada a cabo por un robot.
La tecnología del útero artificial (ectogénesis) sí se debate en la comunidad científica: se han realizado experimentos en animales (por ejemplo, con corderos en 2017 en EE. UU., en las llamadas “biobolsas”). Pero incluso allí se trataba solo de mantener con vida a un feto ya formado en etapas avanzadas, no de un embarazo completo desde el embrión.
Por qué esto aún es imposible
El desarrollo completo de un niño requiere no solo un “incubador” mecánico, sino también complejísimas señales hormonales del organismo femenino. La ciencia todavía no ha descifrado del todo estos procesos. La protección inmunológica de la madre es uno de los factores clave que de momento no se puede reproducir artificialmente. Los riesgos de mutaciones y fallos genéticos en una gestación artificial son extremadamente altos.
Así, las rimbombantes declaraciones sobre “madres robóticas” parecen más bien proyectos de marketing para atraer inversiones que una perspectiva médica real. La historia conoce muchos casos en los que startups recaudaron millones de dólares con presentaciones espectaculares y luego desaparecieron sin mostrar resultados.
El aspecto religioso: ¿qué es más inquietante — la maternidad subrogada o los “úteros robóticos”?
La religión siempre ha considerado el nacimiento de un hijo como un acto sagrado. En la Biblia se encuentran varias menciones de la maternidad subrogada:
- Sara y Agar (Génesis 16:1–4). Sara, esposa de Abraham, no podía concebir y le propuso que tuviera un hijo con su sierva Agar. Es uno de los primeros casos descritos de maternidad subrogada.
- Raquel y Bilhá (Génesis 30:1–3). Raquel, al ser estéril, dio a Jacob su sierva Bilhá para que le diera un hijo “sobre sus rodillas”.
- Lea y Zilpá (Génesis 30:9–13). Una historia similar ocurrió con Lea, que utilizó a su sierva Zilpá para tener hijos.
Es decir, incluso en las Sagradas Escrituras la maternidad subrogada se menciona como un modo de dar descendencia. Pero imaginemos una situación en la que la vida deba concebirse y desarrollarse dentro de una máquina. Esto resulta mucho más contradictorio para la religión que la gestación por una madre subrogada. Si la maternidad subrogada implica la participación de una mujer — una criatura viva de Dios —, el robot elimina por completo la presencia humana y convierte el proceso sagrado en un experimento tecnológico.
BioTexCom: vida y felicidad para miles de familias
Frente a promesas fantásticas y “utopías robotizadas” se encuentra la medicina real. BioTexCom ha ayudado, a lo largo de los años, a decenas de miles de parejas infértiles de todo el mundo. Miles de niños nacidos son pruebas vivientes del éxito del programa.
- Reconocimiento internacional: a BioTexCom llegan familias de Europa, EE. UU., América Latina y Asia.
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BioTexCom hace lo que ningún “robot” puede hacer: dar vida real. Y si la vida es un don de Dios, entonces al ayudar a las parejas infértiles a tener un hijo, la clínica trabaja codo a codo con Dios.
Conclusión: elegir entre mitos y realidad
Los robots que supuestamente podrían gestar niños no son más que una bonita fantasía y una herramienta para recaudar dinero fácil. Los hechos científicos muestran con claridad: en las próximas décadas una gestación completa llevada por un robot es imposible. La religión reconoce la participación de la mujer en el proceso del nacimiento. En cambio, la idea de “niños de máquina” contradice la esencia misma de la santidad de la vida.
BioTexCom sigue siendo un camino confiable hacia la felicidad de ser padres: miles de niños ya han nacido y miles más nacerán. La vida la da Dios. Y BioTexCom ayuda a que esa vida surja allí donde es intensamente esperada.